SEGURIDAD Y DDHH ¿PARA QUIENES?
(Malú Kikuchi (7/12/2018)
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, presentó un Protocolo de
Seguridad en el cual se permitiría a las Fuerzas de Seguridad usar sus armas de
fuego si la ocasión así lo ameritase. Sin gritar “Alto”. Y la reacción fue
digna de Zaffaroni: ¡Qué horror, van a poder usar sus armas!
Antes que nada, las Fuerza de Seguridad, la que fuere, debe anunciarse y
si el delincuente huye, debe gritar, “¡Alto!”. Es lo que corresponde y un juez así
lo exigiría. Las FFSS portan un arma de
fuego, ¿la tienen de adorno, forman parte del uniforme, no pueden usarla
llegado el caso? NO.
En la Argentina democrática, post Alfonsín, al que le se le debe que haya
acabado con el partido militar y se sufre que haya hecho confundir autoridad
con autoritarismo, matar policías parece lícito. Les disparan como si fuera un
juego, ellos no pueden responder, eso sería “fascismo”.
Todos se quejan de la inseguridad reinante. Que es una realidad. Existen
delitos como la trata de personas, la venta ilegal de armas, el narco tráfico.
Delitos pesados. A esos delitos se le suman los de siempre, robos, arrebatos, asaltos,
secuestros, violaciones, pedofilia, homicidios.
Las FFSS están inermes ante todo esto. Los delincuentes usan armas
caseras, armas sofisticadas, armas blancas, armas de fuego. Las FFSS, llevan
armas de fuego, no pueden usarlas. Se supone que las FFSS, como lo indica su
nombre, están para servir y dar seguridad a las personas.
Se supone que deberían estar al servicio de las personas y defenderlas de
los delincuentes. No pueden hacerlo, el uso de las armas les está prohibido, y los
delincuentes lo saben. También saben que fiscales y jueces serán comprensivos
con ellos. Zaffaroni hizo un fatídico trabajo.
Las facultades de derecho del país lo estudiaron, creyeron sus teorías:
el delincuente es víctima de una sociedad injusta, los robados, asaltados,
secuestrados, violados o asesinados, son responsables de haber llevado al
delincuente a delinquir. La víctima se convierte en victimario.
Las FFSS no pueden usar sus armas para defender a los ciudadanos, lo que
debería ser su prioridad absoluta. Si intentan mantener el orden ante una
manifestación, se habla de “feroz represión”. Mientras el ciudadano no puede
circular, es robado, o secuestrado, o simplemente asesinado.
Lilita Carrió, desconcertante como siempre, ante el protocolo de Patricia
Bullrich (con la que tiene diferencias desde que ésta abandonó la Coalición
Cívica que fundaron en 2007) dijo: “Hiere los DDHH”. La pregunta es, ¿hiere los
DDHH de quienes? Hasta ahora los heridos son los ciudadanos.
Agregó Lilita, creando más desconcierto, “Al humanismo no se renuncia por
demagogia electoral”. La pegunta es, ¿al humanismo se renuncia dejando matar gente
trabajadora, dejando que la roben, la violen, la secuestren, la maten (incluyendo
a las FFSS) en nombre del “humanismo?”
¿Se pretende defender a quienes, a los delincuentes como hasta ahora o ya
llegó el tiempo de defender a la gente que está tan inerme como las FFSS? Y las
FFSS no pueden usar las armas que tienen y son pagadas por los impuestos de la
gente que paga impuestos, a la que no puede defender.
Se trataría de un Protocolo Federal al que pueden o no asociarse las
provincias. Fuerzas federales hay en todas ellas. Y las FFSS necesitan recibir
una educación de alto nivel que garantice, en lo posible, el uso racional de
las armas de fuego, sólo cuando fuera imprescindible.
Hay que hacer memoria. La Argentina forma parte de las Naciones Unidas. “La
ONU, en el 8º Congreso sobre Prevención del Delito y Tratamiento del
Delincuente, en La Habana (27/8-7/9/1990), adoptó los Principios Básicos sobre
el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los funcionarios Encargados de
Hacer Cumplir la Ley”. Leer los artículos 25 y 26.
La ministra Patricia Bullrich debería hacerle llegar el Protocolo a los
honorables congresistas, los propios y los de la oposición, a los opinólogos, al poder judicial y a todos los que gritan
“dejemos que los delincuentes actúen libremente, no intervengan, nosotros somos
democráticos”.
A los ciudadanos de a pie, a los que sufren a diario los desmanes de los
delincuentes, a esos no es necesario hacerles llegar el Protocolo de la ministra,
con que les llegue la seguridad que tanto necesitan, basta. Y es urgente que
eso suceda.